mercoledì 3 febbraio 2016

Crear, crear, crear...



La Isla de Nunca Jamás queda siempre más cerca... :-)





La imaginación es la fuente de todo logro humano.
Ken Robinson.


A estas alturas de la película, creo que todos los que nos dedicamos por vocación y convicción al difícil oficio de la docencia estaremos de acuerdo en que, como señala el ya anteriormente citado Ken Robinson, por desgracia, las más de las veces nuestras escuelas se parecen a las fábricas y matan la creatividad de nuestros alumnos.

Yo me atrevo a decir que acaba matando también la creatividad de los docentes. Es difícil luchar contra los límites y las imposiciones del sistema, y más aún cuando esos límites provienen en muchas ocasiones de nosotros mismos, de nuestra pereza, de nuestro cansancio o de nuestra falta misma de recursos para pensar y actuar de manera inconsueta... 

No se nos ha educado para pensar de manera creativa, somos hijos de una enseñanza propia de la revolución industrial. Acostumbramos a imaginar la creatividad como un capricho de la inspiración, un lujo de los sentidos, un proceso de descubrimiento reservado a mentes talentosas, extravagantes y en conflicto perpetuo con la realidad.

Y sin embargo la creatividad es algo común, para lo que se puede educar. Todos tenemos pequeños destellos creativos cuando resolvemos problemas cotidianos a base de "ocurrencias", soluciones en las que hemos utilizado una mínima dosis de pensamiento divergente, de apertura mental para concluir en una acción original y distinta.

¿Todos somos potencialmente seres creativos? La neurociencia nos dice que sí, aunque no todos por igual (sería, entre otras cosas, un contrasentido...). En este mapa mental he intentado sintetizar los rasgos que, según el psicopedagogo Martínez Otero, definen al  sujeto creativo.

Pulsa aquí para interactuar con la imagen.


En educación, la creatividad debería ocupar un lugar tan importante como el de la alfabetización, ya que constituye en sí misma una habilidad fundamental para el desarrollo del pensamiento crítico y el aprendizaje auténtico y significativo. Y, pese a ello, siempre queda relegada a una posición simbólica y limitadoramente autorreferencial: ¿por qué la asociamos siempre al dibujo, a la literatura, a la música y no a las ciencias, a las matematicas, al análisis histórico o lingüístico del texto y el contexto? ¿Por qué nos gusta la creatividad, pero sacrificamos su potencial para el cambio colocándola en la hornacina que adorna nuestras vidas?

Desde hace un tiempo me muevo navegando por mares procelosos, así que me he interrogado sobre ello utilizando un diagrama de raspa o espina de pescado (también llamado de Grandal o Ishikawa), una técnica cuya finalidad es adquirir lo que los expertos definen "conocimiento profundo" de una situación a través de análisis de las causas y efectos de los elementos, como paso previo a la resolución creativa de un problema.


Y es que empeñada en cambiar las cosas ando desde principios de curso. Con la ayuda de la tecnología, que se ha convertido para mí en un instrumento esencial para superar los límites tradicionales del aula. Y ahora empiezan a verse los primeros frutos.

En primer lugar, el comité para la renovación digital y didáctica del que formo parte en mi centro está consiguiendo "revolucionar" el ambiente de trabajo, pues hasta los más reacios en principio, sienten que les pica "el gusanillo" de la innovación, y que si se dejan escapar esta oportunidad de cambio se están perdiendo algo importante, que puede beneficiarles enormemente. Estamos digitalmente hermanados con el instituto IES Cantillana (Sevilla), con el que actualmente estamos en la fase 1 del proyecto VANGUARDIAS. Hablaremos de ello con detenimiento, merece una entrada aparte.

Por este proyecto, por unos cuantos más, y por el interés demostrado por los docentes en participar en iniciativas de innovación digital y didáctica, el Ministerio Italiano nos ha concedido una "medalla", un reconocimiento que exhibimos con orgullo en nuestra página web. Nos estamos convirtiendo en una escuela pionera y referente en el territorio. 


Por otra parte, nos han concedido la dotación económica necesaria para reformar nuestra vieja y obsoleta aula de informática y convertirla en un espacio didáctico multifuncional, flexible y motivador. Así es ahora: gris, aséptica, con los ordenadores dispuestos en una forma anti-didáctica (de espaldas al docente) y un único proyector que da la espalda a los alumnos.





Y así será el año que viene: con tres proyectores de última generación, con "islas" de trabajo componibles, predispuestas para el trabajo cooperativo de grupo, organizadas por colores, con sillas que no ocupan un lugar fijo y dispositivos electrónicos personales que se podrán llevar de aquí para allá, en función de las necesidades didácticas.





Creo que es un resultado notable y supone un avance importante. Una llama que merece la pena mantener con vida, a pesar de que sabemos que no será un camino de rosas. Quién dijo miedo: empecemos a disfrutar.