martedì 9 giugno 2015

Experiencias de aula: paellas colaborativas.

Me gustan los fogones. Y no es porque al cabo del día tenga mucho tiempo para dedicarme a cocinar, pero reconozco que si hoy se me da bien (a pesar de llevar un ritmo de vida frenético), es gracias a mi madre y, sobre todo, a mi abuela, que era con la que de niña me pasaba las tardes enteras preparando esto y lo otro.

Pocas cosas pueden unir más a un grupo de personas que un plato de comida. Comer es un acto básico y primordial, y compartir el proceso de elaboración de lo que comemos (y su resultado final) refuerza nuestros instintos de pertenencia a un grupo, así como los vínculos primarios de carácter cultural y solidario.

La paella es, no sólo para muchos turistas, sino también para muchos estudiantes de español, un icono de nuestra cultura. Quien más, quien menos, la ha probado durante unas vacaciones en España o en un restaurante en el extranjero. Suscita una poderosísima atracción por su colorido y por la mezcla de sabores, imposibles de mezclar en otros platos. En mis cursos de español para adultos, siempre llega, inevitablemente, antes o después, ese momento en el que alguien dice: "por qué no quedamos para ir a comer la paella?". La mayor parte de las veces, esa propuesta se materializa, y, a pesar de que se trata por lo general de en momentos agradables de convivencia de grupo, reconozco que, en el fondo, no puedo evitar sentirme una "guiri" de mi propia cultura.

Cansada de ese sentimiento de enajenación, hace ya algún tiempo que decidí afrontar la cuestión de las paellas de manera auténtica y colaborativa. La actividad que hoy os presento la he llevado a cabo por última vez la semana pasada, en la clausura de un curso de nivel A1, con un número de alumnos reducido, pero se trata de una propuesta muy versátil, que puede materializarse en diferentes momentos de un curso y a diferentes niveles.

En realidad, la actividad hay que dividirla en dos sesiones: una de preparación y otra de realización.

1. Sesión de preparación.

Empiezo por crear un cierto efecto sorpresa en mis alumnos. Sin explicarles exactamente de qué va la cosa, les explico que vamos a ver juntos un vídeo, y que luego lo vamos a comentar en clase. El vídeo en cuestión es el de una paellada para 400 personas, sacado de YouTube, donde no hay mensajes específicos de cómo se prepara una paella. Sólo imágenes reales. Os lo pego aquí.



A continuación les pido que describan con estructuras básicas (estar + gerundio) las acciones del vídeo, qué impresión les ha causado ver una paella tan grande y cómo creen que se sienten las personas que participan en su elaboración y posterior degustación (adjetivos de estados de ánimo, usos de ser/estar...).

Bien. Llegamos al punto en el que les anuncio que también nosotros vamos a cocinar una paella de verdad en clase (no, no estoy de broma, estoy hablando completamente en serio...), pero que antes de eso hay que aprenderse bien la receta, ya que lo que cocinemos nos lo tendremos que comer (os puedo garantizar que en este momento de la actividad el grado de sorpresa y excitación entre los alumnos es mayúsculo...)

Les pido que elaboremos juntos en clase dos mapas conceptuales -existen muchas herramientas gratuitas para ello en internet; yo últimamente he estado usando las de Examtime, que ahora se llama GoConqr-: uno para los ingredientes de la paella (divididos en categorías como verduras y hortalizas, especias, carnes, pescados y mariscos...) y otro para los verbos específicos de la elaboración del plato (lavar, pelar, cortar, echar, añadir...) que tienen que combinar con organizadores temporales del discurso (primero, luego, después, a continuación, por último...) y estructuras básicas de obligación (infinitivos, hay que + infinitivo, tienes / tenemos que + infinitivo...) para montar la receta.

Hacemos una lista de la compra y nos la dividimos (Tú que vas a traer?... Yo traigo el arroz y las verduras...). Para el próximo día, cada uno tiene que traer lo acordado y, muy importante, traerse bien aprendida la receta.


2. Sesión de realización.

Armada de paellero eléctrico  (es un artículo de bazar, lo podéis encontrar sin problemas en tiendas de este tipo...), les pido a mis alumnos que vayan aportando los ingredientes y explicándome materialmente y en español cómo tenemos que ir introduciéndolos.

Normalmente les tiendo pequeñas "trampas", en el sentido de que yo ejerzo de pinche inexperta, mientras que son ellos los cocineros reales de la situación. Intento liarles con los ingredientes y el proceso de elaboración para que reaccionen de manera comunicativa (Ah, entonces ahora qué es lo que tenemos que añadir?... Echo el azafrán ahora o después?...).



El resultado final es estupendo. Mis alumnos descubren que no sólo saben cocinar una paella, sino que también sabrían explicar en español cómo se hace. El sentimiento de pertenencia al grupo sale enormemente reforzado y a partir de ese momento son conscientes de que han interiorizado algo importante, algo que podrán poner en práctica cuantas veces quieran, y que les acerca un poco más a la realización de su sueño lingüístico.